Las reflexiones de Rosa. 14 de junio, 2021


Comentario al hilo del artículo de Rosa Montero en El País, 13 de junio, 2021.

Esta nuestra sociedad actual se empeña en etiquetar, empaquetar, envasar, clasificar, catalogar, aislar para diversos fines (destacar, eliminar, investigar…). Por todas partes nos invaden precintos, etiquetas, identificadores, códigos de barras; alguno puede ser útil, pero su abuso puede ser nocivo para el ser etiquetado erróneamente o para el que desconoce el significado del término que le han aplicado pero que va luciendo en la solapa de su expediente, ya sea laboral, médico, etc. Nos etiquetan desde que nacemos hasta que morimos; somos diversos códigos alfanuméricos que contienen información sensible y personal. Nos diagnostican enfermedades, padecimientos, dolencias y todo eso queda bajo un determinado código alfanumérico que, a posteriori, determinará nuestra aceptación y desenvolvimiento social y laboral. A nivel jurídico, también.

¿Por qué puñetas hay esa necesidad de compartimentar, etiquetar, clasificar y catologarlo todo, incluso a las personas? ¿Es porque nuestra sociedad es insegura y requiere aferrarse al dato, al conocimiento de la información personal, para anticiparse a un posible problema?

¿Por qué no se dejan las clasificaciones, catalogaciones y etiquetas para la química y la biblioteconomía? Las personas no necesitamos tanta etiqueta, sino más comprensión, empatía y humanidad…

Rosa, gracias, como siempre, por tus palabras.

Con el cariño de una raluquista, un poco o muy obsesiva, candidata a PAS y con evidente dermatilomanía desde hace años, que comparte su vida con una persona diagnosticada -creo que erróneamente- con trastorno bipolar, la cual, desde que dejó la medicación, se encuentra muchísimo mejor “de lo suyo”.

Un beso grande😘🌹

©Aji LaMala (María José Gómez Fernández).

Dueña de sus días


Cierra los OJOS buscando la paz interior, evadirse del entorno, sentir su propio pulso marcando el rumbo.
Ya no siente COSQUILLAS en el estómago.
Las golondrinas dejaron de visitar su balcón.
Intuye un oasis tras el DESIERTO que vislumbra en sus momentos de evasión; ¿para qué tanto pensar? El otoño llegará cuando corresponda, y tras él, el invierno, la primavera y de nuevo el verano con su denso aire irrespirable y calor abrasador.
Ya no quiere CORRER ni tampoco ir dando SALTOS; solo busca un caminar pausado, descubrir lo que esté por llegar, sin buscarlo.
Nadie volverá a hacerle daño.

©María José Gómez Fernández

Publicado en Cinco PalabrasRELATO DEL MES DE JUNIO (III): CARLOS SAINZ, PILOTO DE RALLY @CSAINZ_OFICIAL

Me llamo Simeón


Mi suerte cambió cuando me cogieron aquellas manos y me vi arrullado en otros brazos. Mis ojos apenas cerrados vieron otro rostro, la voz que me habló también cambió, era cariñosa; el olor del cuerpo que me acunaba se me quedó grabado desde aquel instante: era La Mamma, así escuché que la llamaban y se llamaba a sí misma refiriéndose a mí.

Ella y mi papá me llevaron a su casa, que desde entonces también fue la mía; allí me esperaban otros dos humanos más que sin duda eran sus hijos; nunca antes, en mi corta vida de mes y medio, pude sentir que me quisieran tanto. Iba a reventar de felicidad, hice pipí sobre La Mamma, jugué torpemente y me quedé dormido sobre uno de los muchachos, para mí, desde entonces, los niños.

Tengo juguetes, comida, agua, cariño, compañía, dos camas, una terraza, una casa y cuatro humanos que me adoran; doy paseos, voy al parque, tengo una familia, qué más puedo pedir. Adoro a mi veterinario, y como soy tan particular, es al único al que permito que me ponga inyecciones o me limpie los oídos; mejor así, porque tengo que visitarlo frecuentemente ya que, por simpatía con mis humanos mi piel es atópica, padezco de vez en cuando gastroenteritis, me dan miedo otros perros -casi todos-, ¡ggrrrr!; tal vez, como alguno me ha atacado he terminado por no poder ver a muchos, y es que me pongo tenso, muy tenso, y sale de mí un carácter que da miedo ¡guau, guau, ggrrrr, ggrrrr, guau, guau!!! Odio las motos y los petardos.

Imagen ©María José Gómez Fernández. Todos los derechos reservados.

Me gusta acompañar a La Mamma, o a los niños mientras están en sus quehaceres, aunque a veces no me dejan porque me pongo en todo el medio y no los dejo pasar. Cuando los noto tristes o preocupados me acerco a ellos, rozo mi lomo y mi hocico en sus piernas, me siento a su lado, los miro con deseo de ayudar, pero no puedo hacer más; ellos me hablan en tono muy cariñoso para agradecerme el detalle, y así logro sacarles una sonrisa. Es lo que está en mi pata hacer para compensar un poco lo que recibo.

Mi destino era un bidón de la basura pero La Mamma me salvó de ese fin horrible. El 14 de julio cumpliré 6 años. Más que una mascota soy uno más de esta familia, ahora mía.


©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en Enwebada.


Con este #relatosMascotas participo en la convocatoria de mayo 2021 de @divagacionistas.

Publicado en Divagacionistas.

Ahora que termina el estado de alarma


Lejos, ya parece que queda lejos, y solo ha pasado un año, nada más y nada menos que un año, y en todo ese tiempo nos empeñamos en decir que hemos cambiado, cuando lo que han variado son las circunstancias que rodean nuestras vidas, y tal vez, nuestro comportamiento y la perspectiva para afrontar el día a día; sí, puede que en algo hayamos cambiado, según eso, mas en general, la estupidez humana no ha variado un ápice, o sí, porque algunos son hasta más estúpidos que antes.

Ahora que termina el estado de alarma, casi un año después, hay muchas personas irresponsables que confunden fin de estado de alarma con fin de la pandemia. Esta es una de las cosas que vienen a demostrar que la estupidez humana es inalterable.

Un año sin ti, tú sin mí; miles de personas que nos faltan porque murieron por otras causas, o murieron inesperadamente al contraer el virus, o se suicidaron por no saber gestionar las penurias económicas. Un año que nos permitió reflexionar -a quien lo hiciera-, disfrutar del entorno cercano, del hogar, las pertenencias, las personas allegadas, y valorarlo; un año de la vida que se ralentizó, casi se detuvo; tiempo de solidaridad, egoísmos, silencios, ausencias, creatividad, interrogantes, incertidumbres. Un año en el que cambió la rutina, el pulso diario, y para muchos, la prioridad que se otorga a los valores.

Un año teniéndonos sin tenernos, comunicándonos en la nube, entendiendo que era imposible decir adiós para siempre, aprendiendo a darnos espacio, a volver a respetarnos, a comprender que hay que saber decir hasta luego para después volver a encontrarnos, aunque para eso aún debe pasar más tiempo.

©María José Gómez Fernández

Abril 2021


Aires nuevos llegan

Barriendo desde el oeste…

Renovadas, esperadas,

Inquietudes aletargadas,

Levan, al fin, anclas, rumbo al este…

©María José Gómez Fernández

Dedicada a mi compañero y amigo Juan Carlos (Daichi).

Publicada originalmente en Enwebada.

Marzo 2021. N.N. – Día 365, 14 de marzo


Marzo de mujer y matemáticas,

Aniversario de tu nacimiento,

Roberto, en el 3’14,

Zumbidos del confinamiento,

Oquedades de los sentimientos…

 

©María José Gómez Fernández

Originalmente publicado en Enwebada.

Las reflexiones de Rosa. N.N. – Día 330, 7 de febrero


Tú sí que eres luz, Rosa, brillas y alumbras e iluminas a otros.

A los trolls, como siempre digo, que les den; lo único bueno es que saben juntar letras, escribirlas como si vociferaran y leerlas en voz alta, pero seguramente, como bien dices, se alteren porque se creen invencibles y les fastidia que la muerte les pueda trolear cuando menos lo esperen.

La vida es eso, vida, con todo lo que conlleva: alegría, sufrimiento, tristeza, emociones, interés, afán de superación, depresión, ilusión, miedo, suerte, latidos, y mucho mucho más, pero sobre todo es amor y desamor…

Aprendemos porque nos gusta, enseñamos porque queremos que otros aprendan lo que sabemos, es como ir dejando un rastro de pequeños legados. Todos tenemos miedo a algo, unos lo tienen a la soledad, otros a la muerte, otros al amor, otros al desamor, otros a la ignorancia.

El que no sabe y se niega a saber, a aprender, a evolucionar, a desarrollarse, es como si se negara a vivir, como si negara la vida.

Para mí, dos momentos muy importantes han sido cuando aprendí a leer, con entre tres y cuatro años, y el otro, cuando enseñé a leer a mis hijos, que hoy son grandes lectores, uno más que otro. Disfruté con la emoción en su mirada cuando descubrían que eran capaces de leer esa historia que noche tras noche primero leía yo y después me leían ellos a mí, porque querían saber cómo continuaba, qué ocurría. Antes de que les enseñaran a leer en el colegio, les abrí la puerta para que fueran autónomos en el aprendizaje, en la curiosidad por el saber. Cuando amas a alguien te sientes orgulloso de ver que puedes hacerlo feliz. La vida es amor, aprender, evolucionar, sentir, y cuando uno se viene abajo, saber trepar, subir, estabilizarte hasta comprobar que de nuevo estás arriba. Tenemos que ser conscientes de que en la vida uno cae y se levanta, y hay que hacer lo posible por no quedarse abajo.

Gracias por estar ahí, por escribir, por ser luz. ¡¡¡Gracias, Rosa!!!

©María José Gómez Fernández

Primer sábado del mes, cita con Rosa. N.N. – Día 329, 6 de febrero


La cita con Rosa en vivo fue a la hora acostumbrada, la hora de la Buena Suerte, las 7 de la tarde. Me lancé sobre el ordenador con un nerviosismo increíble, y una vez terminó, poco después, lo apagué.

Me sentí de nuevo muy a gusto escuchando cómo nos saludaba; se interesaba por todos, nos pedía que nos cuidáramos. Me encantó que nos enseñara sus plumas estilográficas, bueno, solo algunas porque tiene muchas, e incluso nos iba contando una pequeña historia de cada una, pero la mejor historia fue la de la pluma perdida y encontrada años después por casualidad, lo que suele ocurrir muchas veces en la vida, que aparece lo que menos buscas mientras andas buscando otra cosa. No voy a contar yo esa historia, sino que quien esté interesado tendrá que ver el vídeo del encuentro con Rosa Montero.

Arropada, ilusionada, relajada, determiné comentar en el vídeo que necesitaba ver y escuchar a Rosa, tal como me salió la emoción la tuve que transmitir. Un gusto volver a verla. Para mí es una bocanada de energía y de luz, aire necesario para respirar.

¡Gracias Rosa!

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en Enwebada.

Hasta el perro. N.N. – Día 328, 5 de febrero


Hasta el perro está extraño; se le ve triste, parece que nota el pulso del ambiente que a todos nos tiene sumergidos en una levitación de tristeza rara. Olfatea rincones y roza con su pata algún mueble, como llamando la atención, pero luego no quiere nada, ni jugar, tan solo pasa su cuerpo muy cerca de mi pierna y se roza con ella, y la empuja con su cabeza hasta que acerco mi mano y suavemente la paso por su pelo, y él aprovecha y la lame con suavidad, despacio. Después se tumba en su colchoneta, apoya el hocico en las patas delanteras y desde su posición de vigía en la garita, en su camita estratégicamente situada, otea el pasillo y las puertas, los posibles movimientos que le interesan, y no ladra, no duerme, parece dormitar pero está en guardia, para levantarse cuando alguien se levante y le convenga llamar su atención para salir de paseo. Su reloj biológico manda.

©María José Gómez Fernández