Hay que reírse hasta de la muerte


La aciaga tarde otoñal se iba cerrando en sombras y frío, invitando a buscar el cobijo de las paredes de la casa. Incipientes gotas de agua caían del cielo como un rocío sobre los campos por la mañana; ahí estaba la lluvia anunciada en la previsión meteorológica del telediario. Lo más apetecible era coronar la tarde con algún brebaje caliente, unas castañas del puesto callejero y una buena compañía. Se dirigió a casa con media sonrisa puesta porque sabía que una vez traspasara la puerta no tendría más compaña que su propia sombra.

María se puso cómoda y calentita; se preparó una infusión de té rojo y, sentada informalmente en el sofá, con sus gruesos calcetines, terminó de dar cuenta del contenido del cucurucho de castañas que había traído de la calle. El televisor sonaba de fondo como un invitado de piedra y los fogonazos de luz que emitía amplificaban y reducían las sombras del comedor al ritmo caprichoso de la programación.

Revisó los papeles amontonados en la mesa; eran los recibos del cementerio donde reposaba su abuela y ahora también su padre, evitando el lastimero trabajo a su madre. Castañas, té rojo, recibos y el acomodo en el sofá cobijada por el calor de la estancia. Un buen escenario para terminar el día de los difuntos.

El cansancio era evidente. La visita al cementerio, emotiva y triste, fría y anunciando lluvia, con el brazo de su madre enganchado al suyo, apoyándose en ella como un báculo sin más, caminando muy despacito para mitigar la torpeza de los pasos castigados por los estragos de la edad. La visita al camposanto, concurrido por un público similar a ellas, y todos con la aflicción escrita en el rostro; lastimeras peregrinaciones de cada vivo hacia la tumba o el cenicero de sus respectivos muertos, y en contraste, los alegres colores de las renovadas flores: crisantemos, rosas…

La cita obligada con los muertos, el triste reencuentro con la piedra y en ella, el nombre y las fechas de los que ya no están; un ritual social y personal.

Terminando el último sorbo de té sonó el timbre de la puerta. Eran su hermano y Laura, que la visitaban antes de volver a su casa. Al cabo de un rato, su hermano Carlos quedó adormilado en el sofá. María y Laura se apartaron a otra habitación para seguir conversando.

Imagen tomada de la web del Concurso de Zenda Libros

-Aquí es bien distinto el día de muertos.

-¿Querrás decir día de los difuntos?

-Pues no, en México se le llama día de muertos.

-Eso aquí suena irreverente, no para mí pero seguro que para otros sí.

-Ah, pues no más es irreverente, allá de siempre se le dijo así, y como le digo, Mary, se celebra bien distinto.

-¿Y cómo se celebra allí?

-Allá se dedican dos días, igual que acá, ajá…, pero uno está dedicado a los niños y otro a los muertos. Las personas se disfrazan…

-¡Anda, como una fiesta!

-… con calaveras, se pintan las caras, se ponen ropas de colores, salen a la calle y hacen como una cabalgata, con la figura más importante que es La Catrina, esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos.

-¡Joder! Pues sí que es distinto. Aquí todo es como más triste ¿verdad?

-Pues sí, no es que allá en México no tengamos pena por no tener a nuestro muerto con nosotros pero lo recordamos con más alegría. Hacemos altarcitos de muertos y los adornamos con muchas flores, sobre todo con cempasúchitl. Escribimos unos versos de bromas que llamamos calaveritas, pero así también se llaman unos dulces que hacemos. Visitamos la tumba y ponemos allí una foto del muerto y pasamos allá todo el día, llevamos comida y comemos allí. Ponemos al muerto un plato con su comida preferida y un vaso con su bebida preferida. Además allí hay buen tiempo, no pega ese día la lluvia como aquí y hace hasta calor.

-¡Totalmente diferente!. Lo que son las culturas de cada pueblo. En cada lugar del mundo se hace un culto a los muertos y todos son reverentes y respetuosos con su recuerdo. Nos pueden parecer más o menos apropiados o correctos pero hay que entender que el punto de vista es cuestión de cultura y que cada rito refleja el talante alegre o sobrio de un pueblo.

-Así es, Mary.

-¡Anda, que eso lo hacemos aquí y nos mirarían como si estuviéramos locos! No te ofendas, que yo entiendo lo que me estás contando, es vuestra forma de festejar ese día.

-No me ofendo. Es recordar a esa persona con alegría, lo que no quiere decir que no te duela su ausencia. Yo, a mi mamá, la recuerdo mucho y la echo de menos, y este año más, porque hoy que es día de muertos no podré ir a celebrar con ella.

-No sabía lo de tu madre, digo, que murió, lo siento mucho.

-Gracias Mary. Sí, fue hace ya unos años, con el terremoto de Colima de 1995. Después del terremoto no la encontrábamos y finalmente apareció sepultada bajo una pared de la casa que se le derrumbó encima.

-¡Qué horrible! ¡Así, de pronto!

-Pues sí Mary, ni despedirnos de ella. Mi mamá era maestra y muy querida en Colima, así que no solo la recordamos el día de muertos, nosotros y los del colegio, sino que además en su aniversario de muerte le hacen un acto, siempre con su fotografía bien presente, grandota, le leen un discurso varias personalidades del colegio y de la ciudad, y nosotros también.

-Y en un día como hoy, vais al cementerio…

-Eso es, así es.

Un rato después de marcharse Carlos y Laura, María, de nuevo sola con sus sombras, recuerda la conversación. Ha quedado impresionada por lo referido por Laura y le retumban algunas de sus palabras, tan cargadas de razón:

-A ver, yo los respeto, pero aquí es todo como tan triste… Ya la vida es triste, hay que reírse de ella, Mary, hay que reírse hasta de la muerte.

©María José Gómez Fernández. Con este relato participo en el concurso de historias de #DíadeMuertos de #México de @zendalibros e @iberdrola

Participación.

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Si te vas, nada es igual pero todo sigue igual – 5


En el “Hogar” Esther se sentía CONTENTA porque verdaderamente allí tenía motivos para ser de nuevo FELIZ: aprendía cosas, conocía nuevas amistades, veía el lado positivo de la vida, la gente era GENTIL y en muchas ocasiones la hacían SONREÍR con esa MARAVILLOSA sensación que te produce la felicidad sincera, la sonrisa abierta, la risa a mandíbula batiente. Lambreta solo la visitó una vez en el “Hogar” porque, según él mismo decía, allí se sentía fuera de lugar y hasta Esther le decía que ese sitio sí era su lugar y que le haría mucho bien acudir allí y tratarse.

©Alexas_Fotos, libre de derechos

©María José Gómez Fernández, publicado para Cinco Palabras: RELATO DE NOVIEMBRE (I): HERMANA JOCELYNE KEVON DEL ORFANATO COR EN TOGO.

Publicado en Cinco Palabras.

Por si a alguien le apetece leer desde el principio, lo llevo a la primera parte:
https://eldoblaodelarte.wordpress.com/2018/08/26/si-te-vas-nada-es-igual-pero-todo-sigue-igual/

También puedes buscar en el blog por la etiqueta Lambreta.

Si te vas, nada es igual pero todo sigue igual – 4


Esther estuvo unos años en el “Hogar”, un lugar para desintoxicación y reinserción social, pero Lambreta nunca se atrevió a dar el paso; él decía que podía dejar toda aquella mierda por sí mismo pero se equivocaba. Esther le contaba que el “Hogar” no era solo para ir al médico, a veces jugaban al BALÓN, pero otras empleaban el tiempo en volver a aprender a AMAR la vida. También aprendían a CREAR cosas útiles que luego podrían vender, y les servían para poderse AYUDAR a sí mismos. Era algo muy serio pero lo hacían tan sencillo que era como JUGAR.

©PublicDomainPictures, libre de derechos.

©María José Gómez Fernández, publicado para Cinco Palabras: RELATO DE OCTUBRE (IV): EL EX FUBOLISTA COLOMBIANO VALDERRAMA @PIBEVALDERRAMAP Y SU MUJER @REDONDO_ELVIRA

Publicado en Cinco Palabras.

Por si a alguien le apetece leer desde el principio, lo llevo a la primera parte:
https://eldoblaodelarte.wordpress.com/2018/08/26/si-te-vas-nada-es-igual-pero-todo-sigue-igual/

También puedes buscar en el blog por la etiqueta Lambreta.

La esperanza de cada noche


Antena
de luz
de luna
llena…
Conectados con la ilusión.

©María José Gómez Fernández, todos los derechos reservados.

María José GómezFdez @MJoseGomezFdez · 21 may.

😴

Mi abuela Juana decía: “Nunca te acostarás sin saber algo nuevo”, y cuánta razón tenía. Esta noche me acuesto sabiendo que hay #Esperanza por un #mundo mejor porque hay personas que luchan para que la #solidaridad sea como el aire que respiramos. #BuenasNoches #DulcesSueños

©María José Gómez Fernández. Publicado orginalmente en twitter.

Haikus para un irremediable y necesario cambio de estación


Te llego roto,
de estío ahíto
clamando frescor.

De color lleno,
ocres, verdes, rojizos,
bosques y prados.

Llego filtrando
sol entre lluvias, vientos:
Otoño soy yo.

©Bara Cross, libre de derechos.

 

©María José Gómez Fernández. Con este poema participo en el concurso de #poesía #otoño de  y de 

Participación.

Publicado también en Enwebada.

Si te vas, nada es igual pero todo sigue igual – 3


El “Chopo” sí que sabía de mecánica, y encima su PERSEVERANCIA le ayudaba a arreglar las averías inusuales; su EMPATÍA con los clientes favorecía su éxito, así que su taller siempre andaba sobrado de motos y coches. Pero Lambreta no tenía esas cualidades y solo se atrevía a cosas básicas mientras su amigo le arreglaba lo importante.

Esther le decía que buscara ver la LUZ de las cosas y que ante cualquier problema tomara OXÍGENO para relajar, que así se lo habían enseñado a ella en el HOGAR, pero Lambreta solo veía lo positivo de la vida con un “puntillo”.

©Timon StudLer, libre de derechos.

©María José Gómez Fernández para Cinco Palabras: RELATO DE OCTUBRE (III): LA CANTANTE ESPAÑOLA @_MALUOFICIAL_

Publicado en Cinco Palabras. Publicado con una de las palabras corregidas después. HOGAR en lugar de YOGA.

Por si a alguien le apetece leer desde el principio, lo llevo a la primera parte:
https://eldoblaodelarte.wordpress.com/2018/08/26/si-te-vas-nada-es-igual-pero-todo-sigue-igual/

Preámbulo y otoño


Ya los árboles
cargados de hojas
anuncian su caída,
premonición de otoño.

Un día
rompen lluvias con tormentas
y al otro
el sol abrasador reina.

Cantan las cigarras,
aún el calor aprieta.

Las horas de las tardes
buscan, infructuosamente,
cómo alargarse.

A la espera,
en las noches
ya refresca.

Cada año más tardío,
demorado llegas,
buscando una oquedad
para infiltrarte,
en pugna
contra el cambio climático
que avanza inexorable,
batiéndote con los rescoldos
de este verano
que se resiste
a entregar el sable.

Con las últimas vendimias
de septiembre
llenas de frescor el aire,
de calidez los hogares.

Ya los árboles
van descargando sus hojas,
hojas secas
las que caen
y alfombran
veredas y campos,
plazas y calles;
hojas secas
para un libro,
hojas secas
que llegan al corazón
y acunan tantos amores
que se acurrucan
con arrumacos,
al calor de las estancias
en las últimas, tempranas
horas de la tarde.

Comienzas como primavera
que avanza en retroceso
hacia declive de invierno.

Cuaja la aceituna,
entre setas y matanzas,
hibiscos y crisantemos,
pensamientos y castañas,
cosechas de algodón,
siembras de trigo y cebada,
lluvias frecuentes,
nubes grises bajas,
movidas por el viento
de levante o poniente.
Tulipanes y manzanos,
girasoles y ciruelos,
prímulas y geranios
vienen a dar color
a ventanas y balcones,
a jardines y plazuelas,
a campos que amarillean,
a bosques que enrojecen,
a prados que verdean,
a cementerios que florecen.

Entre septiembre y diciembre,
en tránsito hacia el frío,
reconfortando amores
tras cristales y postigos,
a la lumbre, otoño,
te meces en tus días
y transcurres
enfilando el invierno
en un ciclo sin fin,
rueda de la vida,
el ciclo de las estaciones
que se suceden
con su ritmo previsible.

Ya los árboles
de hoja caduca
van quedando
desvestidos;
cruje el suelo
al paso
y el viento
levanta chasquidos.

El frío arrecia
y la lluvia,
en tanto tú,
otoño,
sobre el invierno
agonizas.

©Bara Cross, libre de derechos.

 

©María José Gómez Fernández. Con este poema participo en el concurso de #poesía #otoño de  y de 

Participación.

Publicado también en Enwebada.